POLITICA EXTERIOR
Desde que hemos permitido que el poder constitucional de declarar la guerra haya sido abdicado desde el Congreso a la rama ejecutiva, este poder ha sido abusado. No todas, pero muchas de las operaciones militares estadounidenses del último siglo no cumplieron los criterios de la teoría Cristiana de una guerra justa. Nuestros líderes son capaces de llevar a cabo esta política mediante el uso del miedo para obtener el apoyo de la población usando una variedad de justificaciones pasajeras. La guerra de Irak es un ejemplo de ello. Nuestra presencia en Irak no nos proporciona una seguridad suficiente como para justificar este derramamiento de sangre y de fondos.
Aunque más discretas, nuestras intervenciones financieras son tan dañosas como nuestras intervenciones militares. A través de la malgastada ayuda exterior, los embargos, y los acuerdos de comercio especiales, terminamos perpetuando ineficacias, empobreciendo a enormes cantidades de personas, y apoyando gobiernos corruptos.
También es moralmente nefasto el que nuestro gobierno tome el dinero de los ciudadanos para promover y apoyar a entidades extranjeras. Al no aplicar los principios estadounidenses a nuestra política exterior, permitimos que los Estados Unidos rinda pleitesía a organizaciones internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, o la Organización Mundial del Comercio.
Si la soberanía de los Estados Unidos fuese violada por una potencia militar extranjera, yo sería el primero en ir al frente, sin embargo la mejor manera de asegurarse de que esto no pase nunca es demostrar otras naciones el mismo respeto por su soberanía como el que nosotros esperaríamos de estas naciones.
